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Foto de una mujer joven con mascarilla que tiende una mano al la camara

Ser terapeuta en tiempos de COVID… “el regalo de la risa hace que me sienta afortunada”.

Cuando me pidieron escribir este post me pareció una gran idea, e incluso creí que lo podría hacer enseguida, ya que desde que todo empezó he ido tomando nota sobre los cambios observados en mí y en los niños, pero unir dichas notas y obtener conclusión final no me ha resultado tan fácil como pensaba.

Me preguntaron, ¿Es diferente la consulta? ¿Cómo se sienten los niños? Y tú, ¿cómo te sientes?

¿Cómo me siento? A pesar de las notas y de pensarlo a diario, la verdad es que no sé bien cómo explicarlo.

Por un lado me siento feliz de haber vuelto a dar las sesiones de forma presencial…, ya que online resultaba complicado para mí y para ellos: vernos en una pantalla, sólo una parte del cuerpo, perder parte del lenguaje gestual cuando bajan la mirada…estar limitados por no poder sentarme a su lado…

Por otro lado, me siento triste. Hemos vuelto a encontrarnos en la misma estancia menos distancia pero más evidente, tenemos otras barreras que nos separan: las mascarillas les tapan el gesto, la distancia social se impone…estoy triste por ver a los niños y no poderlos abrazar, por tenerlos llorando y no poder acercarme a ellos y cogerlos en mis brazos para calmarlos,  por tener que decirles que entre ellos no se pueden acercar…explicarles que ya no pueden compartir como antes… 

Y sobre todo me siento impotente cuando me hacen ciertas preguntas como: “- Ana, ¿cuándo se va acabar esto?”, “- Ana, no aguanto con la mascarilla… ¿me la puedo quitar?”

Ante preguntas como la primera no tengo contestación, estoy tan perdida como ellos, tengo el mismo miedo que ellos, pero no lo puedo demostrar… tengo que sujetarlos, que aliviarlos…. Para eso estoy, esa es mi función… pero ¿cómo voy a dar respuesta si estoy tan perdida como ellos ante esta situación desconocida para todos?

Ser terapeuta en tiempos de COVID supone para mí una gran confrontación de sentimientos y emociones, lo que realmente me ayuda a sentirme bien y a seguir adelante es estar con ellos y notar en sus ojos que me están sonriendo, que, a pesar de lo que están pasando, me dicen que son felices, que están bien. Cuando oigo en los pasillos del centro, que tanto tiempo ha estado en silencio, las risas de los niños llenándolo todo, como tiene que ser, me siento feliz… me siento bien, se me olvida la frustración, reconozco mi colaboración en su bienestar y los admiro. Esto me ayuda a mí a tirar del carro. 

¡Gracias, mis pequeños héroes, por enseñarme tanto! ¡Gracias por ser un gran ejemplo de aceptación! ¡Gracias por estar en mi vida!

He aprendido, en este tiempo más que nunca, que yo os acompaño, pero vosotros, con vuestra risa, sois los que realmente me ayudáis a mí.

 

Ana Ortega Rico. Psicóloga Colegiada nº 34172. 
Especialista en Atención Temprana. Psicomotricista. 
Asociación Cuenta Conmigo Ayuda a padres y niños.
facebook.com/ACConmigo

 

Foto de una mujer joven con mascarilla que tiende una mano al la camara

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