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Foto de un visual que aparece la palabra training y una bombilla que ilumina

El educador y antiguo director de la Universidad de Harvard Derek Bok dijo que “Si crees que la educación es cara, prueba con la ignorancia”. Si bien la gran mayoría de personas conocemos su importancia y su impacto, todavía hay mucha gente que recurre a los tópicos negativos cuando piensa en la formación en el ámbito laboral. Y los clichés no tratan bien a la formación, a veces la ven como un trámite interno de la empresa, como el precio que tienes que cumplir para justificar una habilidad, un gasto evitable, como algo aburrido para cumplir expediente… y no es así.

Durante muchos años me dediqué a la formación dentro del ámbito profesional. Trabajar directamente con personas tiene una parte muy vocacional. No solo es cuestión de habilidades, hay un componente personal y emocional que también hay que manejar. Y no es fácil. Enseñar no es solo transmitir conocimientos, también es motivar, generar cambios positivos, descubrir habilidades, perder miedos y evolucionar. Cada alumno es un mundo, la formación se tiene que adaptar a cada individuo para que sea eficaz y cuanto mejor se adapta mejor será el resultado.

Las personas que por diversas circunstancias tienen alguna barrera que les ha hecho más difícil el acceso a vida laboral conocen bien la importancia de la formación. Para ellos no es un trámite, ni una obligación, es una oportunidad. Y cuando te faltan oportunidades, la formación es el mejor camino para aprender, para desarrollarte, para ganar confianza y para demostrar todo lo que vales.

Cualquier persona que se haya dedicado a la formación sabe que no hay dos alumnos iguales, en ningún sentido. Todos tienen distintas habilidades, distintas necesidades formativas, objetivos, expectativas, niveles y motivación. Ese es el punto clave del alumno, la motivación. 

La primera vez que impartí un curso a personas con diversidad funcional reconozco que sentí mucho respeto. Cuidé especialmente los detalles, analicé todas las barreras con las que se podían encontrar, busqué la mejor manera de facilitarles el aprendizaje y puse mucho cuidado en que se sintieran uno más. Sinceramente, mi alerta fue más fruto del desconocimiento que de la necesidad. Al finalizar el curso comprendí que son alumnos como cualquiera y si hay algo que les diferencia del resto es la motivación, la implicación, las ganas y el esfuerzo por aprender. En ese curso si hubo alguien que rompió barreras y creció personalmente fui yo y quienes formaron de verdad fueron ellos.

La formación no solo les da conocimientos y desarrolla sus habilidades, también les ayuda a sentir que pueden, que no hay que tener miedo y que no hay barreras para dar lo mejor de uno mismo. En el ámbito laboral es exactamente igual, aportan valor, esfuerzo, trabajo, calidad, eficacia e implicación. El éxito es fruto del trabajo de todos y la diversidad es el mejor camino.

 

Fernando Vaquero.
Técnico de marketing y formación en seguros
Voluntario Fundación Caser