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Foto de un grupo de jovenes con mascarilla y uniendo lo codos

Cuando los hijos llegan a la adolescencia, se observa que van perdiendo el interés por los padres, apareciendo cierto recelo a aceptar sus consejos y/o críticas.

De forma paralela se produce una mayor integración en el grupo de amigos, y éste adquiere un valor excepcional, tanto que los adolescentes llegan incluso a mitificar las relaciones en el mismo. A esta edad los discursos pueden parecerse a: “Los únicos que me entienden son mis amigos, ellos sí que saben qué es lo importante, con ellos sí que puedo ser yo mismo…” 

También aparece en esta etapa un sentimiento de inmortalidad: “yo no voy a coger el coronavirus”. Este sentimiento va ligado a la búsqueda de consejos en sus referentes que, al encontrarse en la misma etapa, elaborarán juntos los argumentos que avalan su teoría.  La consciencia de los padres de esta situación, les conduce a una sensación de preocupación e impotencia.  

Pero, ¿cómo hago para que mi hijo/a entienda que sus conductas son peligrosas y que se pone en riesgo a sí mimo y al resto de la familia?

-    Lo primero sería mantener una comunicación fluida con el menor, donde pueda exponer sus argumentos sin sentirse juzgado, ni atacado. Escucharles nos servirá para entenderles, saber cómo son y cómo piensan.
En este punto surgirán frases como: “pues mi amigo salió ayer en grupo y no se contagió, ni le paró la policía, ni nada”. Tendremos que refutar esto con argumentos sólidos, enseñándoles noticias, estadísticas y explicándoles que quizás su riesgo no es tan grave, pero que sí fomentan el de los demás.

-    Si aún así no comprenden la situación, ya que en estos momentos el grupo social es su identidad y harán todo por relacionarse con ellos, debemos poner el límite nosotros; entender y dar acogida al posterior enfado que conllevará esta norma, y asumir que hay batallas en las que es mejor no entrar, pues el menor provocará discusiones, intentará saltarse otras pautas del hogar, y debemos decidir en qué batalla entrar y en cuál no basándonos en el estado emocional actual del menor

-    Podremos compensar esta falta de interacción directa con iguales con un tiempo extra de comunicación vía online con su grupo. 

-    Predicar con el ejemplo. Deberán ver que nosotros también echamos de menos amigos, familia, etc., pero que cumplimos las normas por el hecho de que: “la actitud de uno nos afecta a todos”, ya que si no somos precavidos, podremos generar futuros rebrotes. 

 

Ana Ortega Rico. Psicóloga Colegiada nº 34172. 
Especialista en Atención Temprana. Psicomotricista. 
Asociación Cuenta Conmigo Ayuda a padres y niños.
facebook.com/ACConmigo
 

Foto de un grupo de jovenes con mascarilla y uniendo lo codos

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