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La incontinencia urinaria (IU), pérdida involuntaria de orina, es un importante problema de salud que afecta a todos los grupos de la población y a todas las edades. En España, las mujeres la sufren con mayor frecuencia que los hombres: se estima que el 24% del total de las mujeres experimenta esta patología, aumentando al 30-40% en las de mediana edad, y alcanzando el 50% en edad geriátrica. Mientras que, en los varones, se estima una prevalencia del 7% llegando al 14-29% en los varones de más de 65 años, y hasta el 50% en mayores de 85 años.

La incontinencia urinaria puede estar asociada a factores no modificables como la genética, la edad o las intervenciones quirúrgicas. Además, cada sexo tiene asociadas situaciones específicas que aumentan las posibilidades de padecerla, como el embarazo o la menopausia en el caso de las mujeres, o los problemas de próstata, en el caso de los hombres.

María José Garcés Fernández, enfermera de Atención Primaria del Servicio Canario de Salud, destaca que “la incontinencia urinaria afecta al doble de mujeres que de hombres”. “La principal diferencia entre sexos es el embarazo y la paridad, condiciones inherentes al sexo femenino, y es por ello por lo que suele aparecer a edades más tempranas que en hombres, ya que, a edades más tardías, se suele igualar”, explica.

La incontinencia es una patología silenciosa y un tema tabú, especialmente en hombres, que son más proclives a sentir vergüenza y no reconocer que sufren pérdidas de orina. “Las mujeres suelen consultar más a su médico o enfermera, solicitando ayuda o información de lo que les está pasando. Las mujeres desde jóvenes acuden al ginecólogo y tienen una educación más abierta en cuanto a todo lo que está relacionado al aparato genitourinario”, recalca la enfermera.

El cuidado y apoyo emocional de familiares y profesionales es fundamental en el día a día del paciente, ya que debe de enfrentarse a una situación que afecta a todos los ámbitos de su vida. “La IU tiene gran impacto en todas las esferas de vida, condicionando las actividades sociales, laborales, sexuales y también la imagen social, llegando a poder originar la aparición de diversos trastornos psicológicos”, indica Garcés.

“Los pacientes sufren ansiedad, depresión, sentimientos de vergüenza, culpa, humillación, pérdida de autoestima, inseguridad, aislamiento social, etc. El impacto psicológico es inevitable, pero se puede mejorar y tratar si se busca información y ayuda profesional. A través del trabajo psicológico, se comprenderá mejor este problema desarrollando actitudes de afrontamiento para promover y mantener la salud integral del individuo”, añade.

Asimismo, el diagnóstico temprano y el tratamiento adecuado de la Atención Primaria son primordiales para acompañar al paciente en este camino. “El paciente debe limitar el consumo de alcohol, el tabaco y las bebidas con altas dosis en cafeína, así como moderar la ingesta de líquidos y la alimentación para recuperar el control de la vejiga”, recomienda Garcés.

“La vejiga también se puede entrenar. Orinar en dos tiempos, contener 10 o 15 minutos antes de ir al baño o tener horarios programados para acudir al servicio son algunos de los ejercicios más útiles para recuperar el control de este órgano. Por otra parte, los ejercicios de Kegel son muy recomendables para fortalecer los músculos del suelo pélvico, que sostiene órganos abdominales como la vejiga, el útero o los intestinos”, explica.

El uso de compresas absorbentes es el tratamiento más extendido. Al contrario de lo que algunas personas pueden pensar, no son sinónimo de mala higiene, sino que proporcionan frescura, comodidad y buen aseo. 

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